martes, 26 de marzo de 2013

Fluir con la vida y la muerte

Estos días quería escribir sobre el concepto de fluir con la vida. Viendo la vida como un todo holístico donde todo influye en todo y podemos verlo todo de modo armónico. Fluir con la vida es interesante, y quizá fácil para quien siempre tiene mil planes de reserva. Mil planes que hacer con buen tiempo en Semana Santa, mil ideas para disfrutar al sol... o unos cuantos planes para hacer bajo techo si la vida decide que no toca sol esta semana :) ¿Para qué frustarme porque no hace bueno? Echemos mano de los planes alternativos para el mal tiempo.

Casi siempre podemos hacer lo que queramos, sólo que unas veces estará favorecido, y otras algo más dificultado. Siempre puedes escalar, si hace frío y no llueve pues escalarás mejor en granito a bloque. Si hace calor, la caliza será una buena opción. Si llueve... pues te queda el indoor o mejorar tu técnica de agarres en mojado, puedes hacer lo que quieras, pero si lo quieres hacer lo mejor posible, igual tienes que elegir el mejor momento. Para ello, la sabiduría y la paciencia ayudan. Sabiduría para saber qué es lo mejor, paciencia para conseguirlo. Bueno, y unas cuantas cosas más hacen falta, pero eso da para largo. :)

Fluir con la vida, es algo que busco desde hace tiempo, y para ello ante todo lo que me pasa busco sacar el mejor partido o aprendizaje, no forzar acontecimientos, sino fluir. ¿Aprendizajes de aguas bravas? En parte. Conocer las corrientes y esperar el mejor momento para dar la palada acertada.


Hoy la muerte vuelve a tocar mi círculo de personas cercanas y queridas. Podemos llorar, por quien se va, por quienes nos quedamos. Es lo natural, lo que nos sale, lo fácil, lo favorecido socialmente, lo aceptado. También podemos aprender de lo que ocurre, siempre.

La muerte es parte de la vida, y así se me ha enseñado en casa. Mi abuelo paterno murió en nuestra casa, con nosotros, hasta el final. Nos dejaron llorar, pero no querían mucha pena, mejor cariño y los buenos recuerdos y enseñanzas de quien se va. Si quieres creer en las almas y los espíritus, que nuestra pena no lastre el viaje del alma que abandona ese cuerpo. Que nuestro cariño y agradecimiento por todo lo bueno compartido sea su equipaje. Eso es lo que aprendí entonces, tendría menos de 10 años.

Creo que la siguiente muerte impactante que recuerdo es ya la de mi hermano mediano. Sé que no tengo muy claros los recuerdos de ese tiempo. Él tendría 13 años si llega, yo quizá 18. No entraré en detalles del proceso, sólo en el aprendizaje. Recuerdo ver llorar a mi familia y sentir que nada era correcto y nada tenía sentido. En ese momento reniegas de todo, ¿religión, medicina, justicia? Nada tiene sentido, nada es justo, nada es acertado. Buscas algo que justifique lo que sucede. Elegí ver lo sucedido del siguiente modo: Él es un grande, grande que ya terminó su misión aquí, los demás aún no hemos terminado, aún estamos en ello, aún tenemos mucho por hacer, por aportar. Él se va, nosotros nos quedamos, y nos quedamos con su relevo. Quien se va deja un hueco en la vida, un hueco que nos corresponde a nosotros llenar. Reír todo que él ya no reirá, disfrutar todo lo que él ya no disfrutará. Sonreír, querer, ayudar, aportar, crear. Todo lo bueno que él daba al mundo, un mundo que se queda sin uno de sus grandes. En ese momento yo tomé su relevo, yo empecé a disfrutar de todo por los dos, a sentir el doble. A recordarle en los grandes momentos, a sonreirle en mis disfrutes. Esto pensé que sólo me pasaba a mí, y resulta que Albert Espinosa en su libro El mundo amarillo cuenta algo similar. Lloré y sonreí al leerlo.


La siguiente muerte cercana que recuerdo es la de mi abuela materna. Ahí el mensaje fue muy claro. La imaginé mirándome extrañada, ¿qué haces aquí dentro llorando? La vida está en ti y ahí fuera, sal y VIVE. Vive mientras tengas fuerzas, sé bueno, sé grande, ahora que la vida está aún contigo. Disfruta y vive todo lo que aquellos que nos vamos ya no haremos, toma mi relevo, aporta al mundo lo que yo ya no puedo dar más. El cariño y su gusto por enseñar llevo. Los días de verano en las piscinas, disfrutando de no hacer nada, sólo disfrutar del sol. Las partidas de cartas. Los aperitivos de salida de misa. Disfrutando la vida en los detalles.

Luego vinieron las muertes de los compañeros de montaña. Del primero me quedo con la tarea de enseñar la montaña que él veía a los jóvenes, a disfrutarla y quererla como él hacía. Y controlar nuestras fuerzas y resistencia, no forzar a poder con todo, eso le mató. Se durmió al volante y afortunadamente se mató solo. Del segundo me queda más montaña, pasión por la escalada y su transmisión de aprendizajes. Será que siempre me rodeo de maestros o que todos somos maestros de algo. Nuevamente me queda disfrutar lo que él ya no puede disfrutar, sus montañas, sus clases, sus enseñanzas. Y más autocontrol y gestión de nuestras propias fuerzas y capacidades. Guárdate fuerzas para los imprevistos, ten siempre un plan de emergencia. Murió en su montaña, haciendo lo que disfrutaba. El tercero y último por ahora, me deja más pasión por la escalada, más risas, más alegría, más regalar a todos, más ser un payaso y reír en cualquier momento y con cualquier persona, reír con los clientes. No sé por qué se mató, no sé qué salió mal, me recuerdo una vez más que nada es seguro, puedes morir en cualquier momento. Así que vive ahora, no esperes a mañana, no pierdas tu tiempo ahora. Él también murió escalando, haciendo lo que disfrutaba.


Cada muerte es una despedida, llora si quieres. Y mira lo que te enseña, aprende. VIVE tú que estás vivo, aporta lo que quieras aportar, ahora, porque hoy es siempre todavía, porque toda la vida es ahora. Aprende de quienes que se fueron, y quédate con lo que te gustó, sigue llevando en ti lo que aportaban. Cuando uno se va, una luz se apaga, no dejemos que el mundo se oscurezca, sigue iluminando el mundo por ellos, brilla con tu luz y con la suya.

Cada palo que recibimos puede ser la excusa para no levantarnos o el motivo para hacernos más fuertes. Leí un cuento que relataba la historia de un caballo que cayó en un pozo. Los hombres del pueblo estuvieron haciendo planes para rescatarle y no encontraban la manera o no compensaba el coste por el valor del caballo. Finalmente decidieron sepultarle. A cada palada de tierra que le echaban encima el caballo se sacudía la tierra y la pisoteaba. Palada a palada, su suelo subía hasta que finalmente salió del pozo por sí mismo. Seamos ese caballo, no dejemos que la tierra que nos cae encima nos sepulte, hagamos con ella un suelo que nos eleve :)


Disfrutad la vida, ahora. Aprended de los que se fueron, tomad su relevo, brillad por ellos. Gracias! :)

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